martes, 12 de agosto de 2014

Reflexión sobre el poema La Aurora. (Poetas en Nueva York). Federico García Lorca


La Aurora

 

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

 

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

 

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.


Los primeros que salen comprenden con sus huesos

que no habrá paraíso ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.


La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencia sin raíces.

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.



         Poeta en Nueva York es la obra más característica de la etapa surrealista de Lorca. El poeta viajó a Nueva York en el verano de 1929 y se encontró con una ciudad tecnológicamente muy avanzada, pero privada del contacto con la naturaleza.

         Lorca utiliza la técnica surrealista para expresar la angustia que le produce esa cultura urbana, materialista, que ha envilecido al amor y que ha degradado la naturaleza y para lanzar un grito de protesta contra ella. Para ello utiliza imágenes irracionales, absurdas, como salidas de una pesadilla, para dar su personal visión de una ciudad en la que abunda el racismo, la violencia, la avaricia, la crueldad, la miseria en los suburbios etc.

 

Estructura

 

             Los ocho primeros versos, son de métrica libre. Estos versos, coinciden con un momento en el que se describe la Aurora entre la ciudad, aún dormida. Una ciudad geométrica y fría.

         El resto de versos, desde La aurora llega y nadie la recibe en su boca, tienen una métrica regular y en ellos se describe el despertar de la gente entre la Aurora. Una gente sin esperanza.

 

Simbolismo

 

         Dado que el lenguaje es surrealista, ha de entenderse que ciertas cosas no son lo que parecen, si no representaciones concretas de ideas, impresiones y sentimientos abstractos.

         Los símbolos pueden interpretarse de maneras infinitas, tantas como lectores existan. Esto es parte del juego y del encanto del surrealismo: Una cosa puede significar distintas cosas en función de la experiencia vital del lector, de sus recuerdos, incluso de su estado de ánimo. Es un juego con el subconsciente y ante todo, una literatura participativa. No en vano, el surrealismo está fuertemente influenciado por la corriente Freudiana del subconsciente.

         Al margen de que cada uno se figure los significados que quiera, expondré algunas interpretaciones posibles, como para empezar el juego.

 

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

 

         El amanecer de Nueva York alumbra cuatro columnas de lodo, que bien podrían ser cuatro chimeneas humeantes y sucias, o cuatro rascacielos oscuros y grises. Contrapone el sentido positivo de la palabra "columna" que es algo que normalmente se identifica con "soporte", "fuerza", "seguridad", con el sentido negativo del lodo, que es "sucio", "escurridizo" y "mórbido".

"Y un huracán de negras palomas que chapotean aguas podridas"
         De nuevo contrapone el posible sentido positivo de una paloma, como símbolo de la paz, blanca y libre, con un huracán que es algo destructivo. El huracán es de palomas que además no son blancas si no negras, y que para colmo chapotean en aguas podridas. Lo puro, lo positivo, la libertad y la esperanza, se corrompen y se convierten en destructivo.


La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

 

         Lorca da a la Aurora un trato humano ya que "gime" y "busca". Parece un personaje torturado, o una mujer que camina como alma en pena. Y la Aurora está buscando entre "aristas" y "escaleras". Las aristas y escaleras recuerdan un paisaje geométrico carente de naturaleza o de espontaneidad o de amor. Las aristas normalmente presentan filos desagradables, cortantes. Ambas cosas recuerdan al acero, al hormigón y al color gris.

         La Aurora busca "nardos de angustia". El nardo es una flor, algo que evidentemente no crece en el suelo de Nueva York: No hay flores entre el hormigón y el asfalto. No hay flores escondidas entre las aristas, y esto provoca angustia. Son nardos de angustia, porque no están. Por lo que es una angustia dibujada, ya que no existen realmente. Son un anhelo de la Aurora.

 

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

 

         Comienza aquí la segunda parte del poema, en el que la Aurora se encuentra con los habitantes de Nueva York. La Aurora llega y espera que la gente la esté esperando dando las gracias por un nuevo día, pero allí no hay nadie. "Nadie la recibe en su boca". Esto puede recordar a un beso, o al acto de tomar la Hostia Sagrada. Nadie espera su aliento (boca) y la Aurora encuentra otro motivo de angustia. Allí nadie la espera porque "no hay mañana ni esperanza posible". ¿Por qué ibas a alegrarte de un nuevo día, cuando tu nuevo día es un día vacío de esperanzas, si la vida no representa libertad ni gozo, si no esclavitud y competitividad?

         A veces las monedas en enjambres furiosos taladran y devoran abandonados niños.

         Las monedas simbolizarían el dinero. El dinero que "ataca" en enjambres furiosos, como si fueran abejas enloquecidas. El dinero en Nueva York, es el acicate para vivir esclavizado en una cárcel de pretensiones. Y ese dinero maltrata y tortura a "abandonados niños" que bien podrían ser todos aquellos habitantes de Nueva York que inocentemente han caído en la trampa del dinero, y que no han tenido en ningún momento una mano paternal que les indique que ése no es camino hacia la felicidad. De ahí, que la gente sean niños y que estén abandonados. Son más bien personas sin criterio que no tienen quien vele por ellos. Aquí una vez más se contrapone la imagen positiva de los niños, con la negativa y violenta del enjambre furioso que taladra y devora.

 

Los primeros que salen comprueban con sus huesos

que no habrá paraíso ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.




         Las primeras personas que salen sienten en sus huesos, esto es, físicamente, de una manera dolorosa y palpable, que ellos no tendrán paraíso. Ellos no alcanzarán la felicidad, la plenitud, la alegría de vivir, ni tendrán amores deshojados. Amores deshojados podrían ser aquellos que se viven plenamente, con tranquilidad, deshojando cada día. Amores que se construyen en el día a día, con cariño, no aquellos amores de urgencia en los que no interviene el cariño, si no sólo el deseo y el uso del otro para goce propio.

         Estas personas "saben que van al cieno de números y leyes". Es curioso porque parece que quiere decir que van a ir al "Cielo" de números y leyes, al paraíso prometido de números y leyes, pero que evidentemente éste cielo no tiene nada de gozoso ni de atractivo, si no más bien, es un cielo (un paraíso prometido) de podredumbre y angustia. El cielo en realidad es "cieno". Los habitantes de Nueva York saben que su esperanza sólo es el cieno, y es de números y leyes. Números de negocios, dinero, empresas, beneficios y pérdidas, y leyes rígidas e inhumanas, que no defienden al pobre o al descastado, si no al rico y poderoso. Estas personas también saben que el cieno al que van, está compuesto de "juegos sin arte". Los juegos sin arte son juegos sin gozo, son juegos prescritos, impuestos. Son un teatro fijado en el que cada uno tiene un papel inamovible. Y a la vez está compuesto de "sudores sin fruto", puesto que todas las horas que pasan trabajando, no recaen en el trabajador el provecho que le corresponde. Es la alienación del fruto del trabajo. Un granjero puede pasar todo el día trabajando duro, pero al final del día tendrá leche de sus vacas, huevos de sus gallinas y hortalizas de su huerto, y los tomará como producto de su esfuerzo. Un trabajador de Nueva York, un oficinista por ejemplo, pasa todo el día trabajando duro, pero al final del día no ha obtenido satisfacción alguna de su trabajo, salvo el dinero, que vuelve a corromper todo.

 

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.


        
Éste es el final del poema de la misma manera que es la muerte definitiva de toda esperanza. La luz finalmente muere porque es "sepultada", enterrada, bajo cadenas y ruidos. Cadenas de los esclavos del dinero y del trabajo, y ruidos de sus fábricas y coches. El ruido es molesto y estridente y es la antítesis de lo que se busca en la naturaleza o en la paz. Las cadenas de los esclavos también hacen ruido.
         "La ciencia sin raíces", es la tecnología que no cuenta con el humano, la tecnología fría y deshumanizadora, y la ciencia en general que no busca el bienestar del humano si no acrecentar beneficios a unos pocos. Esta ciencia, por supuesto, es vergonzante y por eso el reto es impúdico, porque lo hacen sin pudor, siendo algo de lo que no es loable enorgullecerse.

         Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes como recién salidas de un naufragio de sangre.
        Los barrios recuerdan a los arrabales, a acúmulo de viviendas pobres y alejadas del núcleo financiero. Por estos barrios, vacilan gentes insomnes. Son gentes que no caminan con un objetivo claro, si no que vacilan como deambulando sin rumbo, como borrachos o en estado de shock. Son insomnes, gentes que no duermen, que sufren, que no descansan, que sus días están marcados por el deseo de descanso y la necesidad de sueño. Por eso "vacilan", porque necesitan descansar y encontrar paz. Y están recién salidos de un naufragio de sangre. Están alucinados porque han salido de un hundimiento en el dolor y el sufrimiento. Es una imagen de muerte, es una pesadilla de la que han salido como si en su insomnio, en su no dormir, hayan tenido pesadillas de destrucción y desesperanza. Al levantarse por la mañana sienten la resaca de la noche pasada entre sueños no dormidos y pesadillas vividas.

 

         Esta mañana me he levando canturreando "A Aurora" interpretada por Chico Buarque y Raimundo Fagner, del disco Poetas en Nueva York. Mientras desayunaba me he puesto la canción y lo que ha ocurrido después, ya lo habéis visto.

 

La canción:


https://www.youtube.com/watch?v=UH2qBC7ZUOY&index=7&list=PLDF887C706DDAD8E0

Y hasta aquí mi humilde visión (auspiciada por los siguientes links) de este maravilloso poema.

Referencias:

 



 

1 comentario:

  1. Este poema lo llevé dos veces a mis recitales e hice su explicación. Varió en algunas cosas con la explicación metafórica, pero está bastante bien la aquí dada. Yo no creo que Lorca en este poema dejara las cosas tan abiertas. Algunas metáforas son bastante precisas con imágenes reales del crac de la bolsa en 1929. Un saludote.

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