martes, 19 de agosto de 2014

Un juego entre las ramas de un gran árbol




Análisis de la novela Los detectives salvajes de Roberto Bolaño

 

 

«Durante un segundo de lucidez tuve la certeza de que nos habíamos vuelto locos. Pero a ese segundo de lucidez se antepuso un supersegundo de superlucidez (si me permiten la expresión) en donde pensé que aquella escena era el resultado lógico de nuestras vidas absurdas».

           

 

“¿Qué es esto?


Un mexicano visto desde arriba”

 

            Introducción

 

            La novela “Los detectives salvajes” fue escrita por Roberto Bolaño entre 1997 y 1998 y en contra de lo que el título pueda indicar, no es una novela policíaca de las que se ven leer en el Metro.

            “Los detectives salvajes” es en realidad muchas cosas a la vez: Es una novela que trata sobre poesía. Es también una novela hecha a partir de relatos, o retales. Es a su vez parte de la vida del escritor Roberto Bolaño, que en la novela sería Arturo Belano. Es un juego, un puzzle, un pasatiempo, pero a la vez, es seria e implacable con la vida y los sueños. Parece dispersa, caótica, con poco fundamento, pero en realidad es redonda, coherente y perfectamente sólida.

 

            Forma

 

            Para intentar explicar cómo es la novela, diría que recuerda a un gran árbol frondoso: Las raíces del árbol son su sustento ya que por un lado lo alimentan y por otro lo mantienen firme y fijo a la tierra. A su vez, todas sus ramas y las ramas de sus ramas, y las ramas de las ramas de sus ramas, surgen todas del mismo tronco, como afluentes de un río.  Y toda esa exuberancia formada por las raíces invisibles, el tronco, las ramas, las ramitas y las hojas, configuran una única cosa: El árbol. Y así es como se me antoja a mí esta enorme novela de Roberto Bolaño, que hay que decir que no sólo es enorme en fondo, si no también en forma (la edición de Anagrama, que pertenece a la colección “Compactos”, tiene 609 páginas y efectivamente es “compacta”, ya que en esta colección, los márgenes se estrechan así como se juntan las letras entre sí). Como decía, la novela me recuerda a ése árbol grande y frondoso del que hablaba porque se apoya sobre una línea argumental casi invisible, a penas hilvanada, pero que a pesar de pasar casi inadvertida, guía el tronco de la novela con firmeza, como lo hacen las raíces enterradas en la tierra. ¿Y dónde lo guía? Lo guía hacia múltiples relatos sumamente diversos y aparentemente inconexos entre sí, pero que en realidad vienen todos del mismo tronco y que entre todos, a pesar de la variedad en su forma y fondo,  conforman el gran árbol o la gran novela.

 


 

 

La novela se compone de tres partes bien diferenciadas:

 

Primera parte: Mexicanos perdidos en México (1975)

 

            La primera parte de la novela es el diario de Juan García Madero, un joven huérfano que vive con sus tíos quienes le presionan para entrar en la facultad de derecho a pesar de que lo que quiere realmente es ser poeta. Esta parte abarca desde el 2 de Noviembre de 1975 hasta el 31 de Diciembre del mismo año. García Madero acude a un taller de poesía en el que conoce a dos jóvenes poetas: Arturo Belano y Ulises Lima. Ambos, forman parte de una corriente literaria ultravanguardista llamada Realvisceralismo o Realismo visceral (en la novela). Dicha corriente literaria es un homenaje a la corriente fundada en la década de 1920 por la poeta Cesárea Tinajero que hace décadas se marchó de México DF sin dar pistas hacia dónde iba, y de la que nadie sabe nada. Arturo Belano y Ulises Lima están convencidos de que tienen que ir en su busca, quizá porque ella es la madre de la corriente literaria con la que ellos están comprometidos.  Cesárea Tinajero es el gran personaje en la sombra. De ella, apenas se sabe nada, ni siquiera si está viva o muerta pero es este personaje uno de los que dan forma a la novela, y podría decir que ella es el personaje que consigue cerrar todas las líneas argumentales desparramadas a lo largo de 609 páginas, en un círculo perfecto.

 

Segunda parte: Los detectives salvajes (1976-1996)

 

            Esta segunda parte es con creces la más extensa de las tres. Como se puede ver en el título, abarca desde el año 1976 hasta el año 1996. Se compone de una sucesión de testimonios de un total de 52 personajes distintos que hablan con un entrevistador o un interlocutor que nunca habla y del que nada se sabe. Dichos testimonios aparecen en sucesión cronológica por meses y años. Sólo el testimonio de uno de ellos, el de Amadeo Salvatierra, no sigue esta sucesión, y aparece salpicado aquí y allá estancado en una eterna noche de enero de 1976 que aparece cada cierto tiempo, a lo largo de los testimonios de los 20 años posteriores. El testimonio, o la entrevista de Amadeo Salvatierra es el único caso también en el que sí se conoce a sus interlocutores.

            Cada testimonio está referido a un único hilo conductor: Los poetas Arturo Belano y Ulises Lima. Cada personaje cuenta su encuentro o su desencuentro con alguno de estos dos poetas, pero jamás aparece ninguno de los dos en primera persona.

            En un gran número de estos testimonios, los personajes terminan divagando y nos cuentan historias paralelas, o historias paralelas de las historias paralelas, como las ramas de aquel árbol del que hablaba. Cada vez que esto ocurre surge un relato impresionante, precioso, a veces desgarrador, encapsulado en el tiempo como perlas en una ostra. Llama la atención que la narración en esta segunda parte no es plana, no es homogénea si no que muy al contrario, y siendo consecuente con la procedencia de cada narración que son los 52 personajes, ésta se hace diversa y rica,  acoplándose a la personalidad de cada uno de ellos, yendo del hiper culto Xosé Lendoiro a la mal hablada Bárbara Patterson. A su vez, Bolaño tiene una habilidad especial a la hora de describir personalidades sin describir personas: Es capaz de que el lector se haga una imagen perfecta de un personaje haciéndole tan sólo decir una frase en medio de un largo discurso, o hacer un gesto distraído en medio de la vorágine de idas y venidas de un capítulo.

            A su vez, esta segunda parte es un juego del lector que se convierte en detective, porque es un collage de múltiples voces que cuentan múltiples relatos muy diversos, pero que están conectados entre sí por los personajes Arturo Belano y Ulises Lima. El lector en esta parte hace un ejercicio de intentar acoplar las piezas del puzzle cuya única coherencia es la cronológica (y en el caso de Amadeo Salvatierra ni eso) pero que esconden detrás de ellas el cuerpo mismo de la novela. Confieso que en más de una ocasión, (y en más de diez), he tenido que revisar capítulos anteriores y buscar personajes pasados para aclarar las ideas. Para mí ha sido un libro de ida y vuelta, de continua búsqueda, de intentar comprender. Ha sido un libro y un juego a la vez. Y es más: sólo en ésta y en otra novela más, en Cien años de Soledad de García Márquez, he tenido que recurrir a escribir en una hoja una pequeña descripción de cada personaje. (Hacia la mitad de Cien años de soledad tuve que hacer un árbol genealógico de la familia. Hace poco he descubierto que hay un montón de ellos en Internet pero si lo hubiera sabido en el momento en que lo hice no los hubiera consultado y lo hubiera desarrollado de la misma manera: en una hoja doblada en cuatro y metida en el libro).

 

Tercera parte: Los desiertos de Sonora (1976)

 

            En esta tercera parte se retoma el diario de García Madero, continuando el relato de la primera parte, desde el 1 Enero de 1976 hasta el 15 de Febrero del mismo año. En esta parte se cuenta el viaje que hace el propio García Madero junto con Arturo Belano, Ulises Lima y Lupe, un personaje que ya aparece en la primera parte. Este viaje tiene dos motivos pero no voy a desvelar nada al respecto.

            Es el capítulo que cierra el círculo, sin embargo no es el final si no tan sólo el principio.

            Es también un capítulo lleno de juegos y adivinanzas.

 

Fondo

 

La novela como autobiografía novelada:

 

            Roberto Bolaño tiene su alter ego en Arturo Belano y su amigo y compañero Mario Santiago Papasquiario en Ulises Lima. Ambos poetas en la vida real fundaron el infrarealismo, una corriente de poesía vanguardista que pareció ser más una postura ante la vida que una forma de hacer poesía. En realidad, tal y como se puede ver en la novela, ninguno de los poetas que van surgiendo pasan demasiado tiempo escribiendo. Más bien, pasan tiempo boicoteando reuniones de otros poetas, entregas de premios, etc. Y esto es lo que hacía Roberto Bolaño y Mario Santiago en su juventud. Predicaban con cierta agresividad una especie de anarquía lírica, un desmantelamiento de los cánones,  lo que les hizo ganarse los odios y recelos de muchos de sus coetáneos. Con Octavio Paz tuvieron sus más y sus menos, y Roberto Bolaño parece pedirle perdón en el capítulo Clara Cabeza, Parque Hundido, México DF, octubre de 1995, en el que Clara Cabeza, secretaria de Octavio Paz, cuenta un episodio extraño en el que una serie de días Octavio Paz le pedía que fueran al Parque Hundido. Una vez allí, se sentaban en un banco y aparecía un hombre que comenzaba a dar vueltas por el parque. Octavio Paz entonces se levantaba y daba vueltas siguiendo la misma trayectoria de aquel hombre, pero en sentido contrario, y cuando se cruzaban, se miraban sin decirse nada. Un día Octavio Paz encarga a Clara Cabeza que se acerque a aquel hombre y que le pregunte quién es. Aquel hombre era Ulises Lima. Terminaron cambiando unas palabras en un banco y Ulises Lima finalmente estrechó la mano de Octavio Paz, aquel al que habían boicoteado y criticado muchos años antes. Parece como si replegara el orgullo y finalmente admitiera a los grandes sin reservas.

 


 

 

Signficados de la obra    

 

“En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira

Poeta Ramón de Campoamor

 

            En cuanto al significado último de la novela, hay muchas y diversas interpretaciones por muchos y muy buenos críticos literarios: desde la situación de desarraigo de los jóvenes en el México de la época, que no tenían futuro y sólo un pasado difuso, hasta un tratado sobre poesía desde la prosa, una búsqueda de la poesía definitiva como un acto de anarquía.

           

            Desde mi humilde perspectiva, yo identifico los siguientes:

  • El conocimiento de uno mismo y el no saber hacia dónde se camina. Los rumbos que se toman en la vida, y sobre todo, los rumbos que no se toman.
  • La percepción de la realidad que tiene cada persona, la distorsión de la realidad que provocamos cada uno debido a nuestro pasado y nuestros proyectos de futuro. La irrealidad de la realidad; un sueño, un espejismo. Y de hecho el último capítulo del libro creo que bien podría venir a cuento. (¡Los que no lo hayan leído, por favor, no lo miréis!).
  • El desvanecimiento de los sueños de juventud en realidades de adulto, que si bien son realidades menos románticas, son las que dan la tranquilidad de tener un sueldo y un techo. Los intereses burgueses frente a los intereses románticos. Sobre esto, una frase del libro: “…que veía los esfuerzos y los sueños, todos confundidos en un mismo fracaso, y que ese fracaso se llamaba alegría”.
  • El hecho de que sólo existimos cuando alguien nos mira, nos escucha o nos recuerda. A este respecto, las diferentes descripciones de los 52 personajes sobre Arturo Belano y Ulises Lima, a veces héroes, a veces villanos.
  • El papel que juega en la vida el azar o por otro lado el destino. (Un buen capítulo sobre el azar, sería aquel de Andrés Ramírez, bar El cuerno de Oro, calle Avenir, Barcelona, diciembre de 1988 en el que el propio Andrés Ramírez cuenta cómo llega de polizón a Barcelona en un barco, y gana dos quinielas consecutivas. También la frase: “Ay, las casualidades -dijo Quim respirando a pleno pulmón, como el titán de la calle Revillagigedo-, valen verga las casualidades. A la hora de la verdad todo esta escrito. A eso los pinches griegos lo llamaban destino”.
     
    Frases y párrafos subrayados por alguna razón
     
    “… (sentí que las lágrimas subían a mis ojos) y antes de que él me lo pidiera le di mi dirección (una dirección que seguramente él ya tenía) y le dije que viniera, de inmediato, y él se rió, se rió de felicidad y me dijo que desde donde estaba iba a tardar más de dos hora en llegar y yo le dije que no importaba, que mientras tanto prepararía algo de cena, y que lo estaría esperando. Narrativamente, aquél era el momento de colgar el teléfono y bailar, pero Piel Divina siempre esperaba a agotar las monedas y no colgó.”
     
     
    “Hasta aquí llega la poesía, esa mala pécora que me ha acompañado a traición durante tantos años. Olet Lucernam. Ahora sería conveniente contar dos o tres chistes pero sólo se me ocurre uno, así, de pronto, sólo uno, y para mayor INRI de gallegos. No sé si ustedes lo saben. Va una persona y se pone a caminar por un bosque. Yo mismo, por ejemplo, estoy caminando por un bosque, como el Parco di Traiano o como las Termi de Traiano, pero a lo bestia  sin tanta deforestación. Y va esa persona, voy yo caminando por el bosque y me encuentro a quinientos mil gallegos que van caminando y llorando. Y entonces yo me detengo (gigante gentil, gigante curioso por última vez) y les pregunto por qué lloran. Y uno de los gallegos se detiene y me dice: porque estamos solos y nos hemos perdido”.
     
    “Pero todo eso ahora no existe: es más una certeza verbal que vital.”
     
    “Personas que deambulan por la Feria del Pasillo [se refiere a la feria del libro] buscando no un libro sino una certeza que apuntale el vacío de nuestras certezas. Así interpretamos la vida en los momentos de máxima desesperación”.
     
    Clara Cabezas, secretaria de Octavio Paz describiendo un momento con él en su coche: “Cuando lo vi allí, sentado y con ese aire ausente, me dio un poco de pena por no tener un vehículo algo mejor que ofrecerle, aunque no le dije nada porque también pensé que si me disculpaba él lo podía interpretar como una especie de recriminación porque a final de cuentas era él quien me pagaba y si no tenía para un coche mejor se podía decir que también era por culpa suya, algo que jamás, ni en sueños, le he reprochado. Por lo tanto me quedé callada, disimulé lo mejor que pude y puse en marcha el motor”. (Ejemplo de descripción de una persona sin describirla, en este caso, de la secretaria.)
     
    «23 de diciembre' Hoy no pasó nada. Y si pasó algo es mejor callarlo, pues no lo entendí».
     
    «Belano, le dije, el meollo de la cuestión es saber si el mal (o el delito o el crimen o como usted quiera llamarle) es casual o causal. Si es causal, podemos luchar contra él, es difícil de derrotar pero hay una posibilidad, más o menos como dos boxeadores del mismo peso. Si es casual, por el contrario, estamos jodidos. Que Dios, si existe, nos pille confesados. Y a eso se resume todo».
     
     
                Y hasta aquí mi análisis de esta novela, que se ha convertido en una de mis grandes favoritas. Espero que os haya gustado.
    Y un guiño a aquellos que ya la habéis leído: 

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